ALUMNOS

Días eternos

El agonizante mundo de las mujeres en las cárceles latinoamericanas es un tema del que se habla poco, pero que repercute en la región. Hay una crisis permanente no resuelta en el contexto penitenciario latinoamericano que nos afecta a todos generacionalmente. El encarcelamiento de una mujer no termina con ella, sino que se extiende generacionalmente.
 
Este trabajo se centra en las condiciones de las mujeres detenidas y encarceladas, porque las coloca en una posición de vulnerabilidad y estigmatización adicional de por vida. Lejos de ser lugares donde los delincuentes pueden reparar el daño, rehabilitarse o integrarse en la sociedad, son espacios de sufrimiento. Los centros de detención de la región son un reflejo del infierno que tienen que vivir estas mujeres. Son claustrofóbicos, están críticamente hacinados y son extremadamente violentos. El retraso procesal no permite la separación por delito o por edad. Para las detenidas transexuales es una experiencia especialmente brutal, porque no se respeta su identidad de género y tienen que esperar su juicio con detenidos varones. Para sobrevivir, dependen de sus familias, ya que son ellas las que deben llevar su comida y agua. Sin embargo, existe una alianza entre ellas para que ninguna se muera de hambre. Lo comparten todo, los colchones, la ropa, la intimidad de sus historias de amor, las lágrimas derramadas por sus hijos. Las palabras escritas en las paredes de estos centros nos dicen que la esperanza es esquiva: "No espero que nadie me crea, porque no creo en nadie". Para salir del centro de detención y entrar en las cárceles, muchas de ellas se declaran culpables. Culpables de aborto, mariticidio o infanticidio, pertenencia a bandas, tráfico de drogas, extorsión, entre los más comunes. ¿Cómo separan entonces a los verdaderos delincuentes de los inocentes?

Una vez condenadas, son trasladadas a una prisión estatal donde se enfrentan a un sistema que las asfixia aún más. Aquí cambian el espacio y la comida por el derecho a llamadas telefónicas y visitas del exterior. En El Salvador, las mujeres que pertenecen a pandillas son mantenidas en aislamiento. En este sector hay mujeres con condenas de más de 100 años. Desde hace tres años, a estas mujeres se les permite salir al patio una hora al día. Las que son madres sienten que los días pasan entre el ensueño temporal de tener a sus hijos con ellas, como su revitalizador espiritual, y al mismo tiempo se sienten culpables por tenerlos en la cárcel.
 
 
Días Eternos es un trabajo en proceso que inicié en 2017 en mi país Venezuela y ahora en El Salvador.
Pretende documentar con gran impacto visual y con testimonios, la situación de las mujeres privadas de libertad, sus causas y consecuencias en los países latinoamericanos.

 


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