BECAS

Imanol Villota Martínez (España)

valle: s. m. Depresión del terreno situada entre alturas montañosas.

El valle que exploro a través de estas imágenes no pretende identificar un lugar geográfico preciso. No quiere ser tampoco un proyecto en clave de documentalismo gráfico. De hecho, constituye el relato visual y de ficción que construí tras mi llegada a una comarca despoblada y fronteriza del norte de España, un lugar cuya vida transcurre a horcajadas entre una historia anacrónica, poblada de mitos, y un presente lleno de desencanto e incertidumbres. Este “valle” es solamente la cartografía personal y emocional que esbocé al venir a este lugar.

En octubre de 2013, mi situación laboral dio un giro brusco. Tras recibir una oferta de empleo, me incorporé como operario de producción a la fábrica de una pequeña población que apenas supera los siete mil habitantes. 

“El Valle” narra de una manera autobiográfica mi llegada a esa factoría y los primeros meses que transcurrieron en aquel lugar. Hasta entonces, mi relación con ese entorno respondía a otra suerte de relación afectiva o emocional. En ocasiones, me desplazaba allí los domingos. Sus montañas, su embalse, sus pronunciados bosques salpicados de pino y haya o sus minas de carbón abandonadas durante la crisis que sacudió los años 60 ofrecían un sugerente escenario, muchas veces reproducido en guías de bolsillo, revistas de viaje o postales turísticas.

Al margen del trabajo como operario que ocupa gran parte de mis días, me embarqué en un proyecto gráfico que pretendía retratar las gentes de ese territorio despoblado. Muy pronto entendí que no podía hacerlo sin expresar la soledad y el ambiente opresivo que fuí encontrando. En este lugar, la naturaleza tiene una condición casi humana, atemporal. Por momentos parece proyectarse en la vida de sus gentes. Este paisaje hunde sus raíces en una especie de mitología inútil. Los más jóvenes hablan con frecuencia del oso, pero casi nadie lo ha visto. Otras veces, de los restos de una legendaria industria minera que dio empleo a sus mayores, pero sus vidas transcurren en los márgenes de ese tiempo. Su esperanza pasa, casi siempre, por la emigración o por encontrar un empleo en alguna de las líneas de producción de esas factorías que, se supone, “dan vida” al valle. 

Explorando ese territorio, he querido que mis fotografías dibujaran esa sensación ambivalente entre la imagen idílica que había construido de aquel paisaje y esa atmósfera gélida y agresiva que hallé, y de la que es tan difícil sentirse parte.

El espacio, la identidad de El Valle 
 “El Valle” se sitúa en un lugar fronterizo entre las provincias de Palencia y Cantabria. Un espacio rural, despoblado y montañoso, marcado por el éxodo y el progresivo envejecimeinto de su población. Las escasas oportunidades de futuro se limitan a cualquiera de los empleos precarios que ofrecen, desde hace algunos años, sus tres fábricas. Casi todo en este lugar parece gravitar en torno a ellas: el ritmo de vida, la pareja, las expectativas, los amigos…

Pero en esta área limítrofe, también hay espacio para esos otros héroes locales, para el furtivismo o el pequeño trapicheo con drogas. Una intrahistoria que guarda extraños lazos en común con el mundo de las ciudades. Los jóvenes que se resignaron a abandonar este lugar buscan su identidad en un universo social y laboral extrañamente duro y que, paulatinamente, los aleja de esa naturaleza humana que ocupa todo el espacio. 

“El Valle” está bien comunicado. Sus buenas carreteras suponen una garantía de evasión a la vida en la fábrica cuando llega el fin de semana. Entretanto, esta geografía de la soledad y el desencanto hunde sus raíces en un grotesco realismo. Las imágenes que retratan las guías de viaje parecieran tan sólo accesibles a quienes realizan el camino inverso y aprovechan los domingos, al igual que hacía yo años atrás, para acercarse a este paraje de postales, osos y bosques idílicos.

Realismo mágico 
En términos de espacio, las imágenes que componen este proyecto tienen un componente real, pero también una extraña connotación fantástica que las aproxima al realismo mágico. La figura del oso, el silencio de los bosques y los los chozos, los largos caminos forestales que ahoran conducen a ningún lugar… Todo sigue igual tras el abandono, el tiempo cronológico parece haberse detenido en un universo rural que, a veces, imita los códigos, los ritmos y las rutinas de una gran ciudad.

En este entorno, algunos personajes encierran curiosas historias personales. Batallas de oportunidades perdidas y resignación, hechos casi irracionales y que, sin embargo, solo explica el contexto tan real de sus vidas. 

He dado forma a este  proyecto influenciado por el realismo social, la tragedia y el desencanto que encierran los jóvenes que habitan en “El Valle”. 

 

 

 

 

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